Apoyado en aquella roca, recordaba mi manera tan fortuita de escapar. Un descuido muy grande por parte de carceleros fue el dejarme salir, pues poco duraron aquellos estados sobre mi. Ahora ya era la menor de mis importancias. Había perdido el rastro de Yuzuki, el ser que había invocado y que era mi hija en cierto modo. Mi lanza había sido arrebatada y había perdido a Fitme en un enfrentamiento sin sentido contra un guerrero llamado Rio Hawkins. Poco me importaba ya lo que pasaría conmigo. Decidido a poner fin a lo que sería una vida aburrida, hablé con mi ser interior, con aquel ser que podría asesinar a su propia madre, avisando antes para que le temiera. -¿Que ocurre? ¿Te has aburrido ya de hacer el bien?
-¿El bien? Sabes que yo no soy capaz de hacer aquello que dices.
-Tsk, no me andes con tonterías, eso de ayudar a la gente es de buenazos. No sirves para ser un demonio.
-Bueno, ya sabes a que te he reclamado. no quiero ser ya dueño de este cuerpo. Prefiero que tomes tu el mando.
El ser interior no dudó en hacer lo que le pidió, confinando su ser al más oscuro abismo de su mente. Se había apoderado de cualquier cosa que haría o ya hubiera hecho, siendo ahora un ser diabólico, casi satánico. Lo primero en lo que pensó sería en hacer una visita a algunos de sus antiguos compañeros de armas.
La primera visita fue para un muchacho joven, llamado Kazuma Misagi. Aquel era un mago extraordinario pero de convicciones éticas muy grandes. Para el, la violencia no era más que un abuso. Sin duda, lo que procedió fue una tortura sin igual, a la mente y al físico de aquel muchacho, pero ya no daba de si, la mente la había corrompido. Nada de lo que hacía era siquiera algo a lo que se atreviera a hacer un demonio como el. Tras varias horas de tortura, todo acabó con la petición del muchacho de que le matara. incluso después de eso, continuó manipulando su mente, su cuerpo de una manera extraña, rompiendo huesos, quemado la piel y solo cuando el dolor fue insoportable, acabó muriendo.
El siguiente objetivo se trataba de una muchacha, una demasiado joven muchacha. Yuki era su nombre y a lo que se iba a enfrentar sería lo que algunos denominan el peor destino que pudera serle ofrecido a alguien. La secuestró y la llevó a una guarida en la que se había instalado hace poco, un lugar lúgubre. Ahí tenía una fosa llena de lo que parecían ser gusanos, pero su boca era dentada, Los gritos de la joven le fueron inútiles y fue arrojada al interior de su irremediable muerte. Los gusanos atravesaban su piel, la devoraban viva y aun gritaba. no podía salir de ahí, pues las paredes eran demasiado altas. Tras una hora de gritos y lloriqueo, su cuerpo quedaba inerte en aquella fosa. ¿Su pecado? Haberle abandonado antes del combate contra Mercenarios.
Y este solo sería el principio de una larga cadena de asesinatos y venganzas por su parte, pues cada muerte que tenía planeada era peor que la anterior.
13: Resolución. El poder del demonio.