1 de febrero de 2012

14: Esclavitud.

A veces pensamos que el servir a otro es por que es por obligación, pero mi punto de vista es otro, pues muchas veces me he encontrado con voluntarios. Quizá no fuera yo en todo mi ser, pero a fin y al cabo el formaba parte de mi tanto como yo de el. En los meses que continuaron a su posesión, había masacrado a gran cantidad de aliados perdidos o traidores a mi causa. Pero conforme iba pasando el tiempo, había personas dispuestas a unirse a mi, a pesar del mal causado.
La noche era oscura y poco se podía alumbrar con aquellas farolas tan antiguas. El paso de Masakazu resonaba por las calles vacías como si fuera un cuarto con reverberación. Su fama se había extendido ya por todo el país tan rápido como prendía la pólvora seca. Pero no le importaba en absoluto. Hoy tocaba torturar a una muchacha que había servido de mucho el día que atacaron su primer ejercito. Ella formaba parte de las primeras filas y resultaba una maga excelente, pero su poder no podía comprarse al de el. 

Después de varios minutos en su búsqueda, encontró su hogar, un lugar sin duda acorde a su gusto. Echó la puerta abajo con un hechizo, localizándola con la mente y cuando la tuvo en su punto de mira, comenzó su combate mental. Si en algo era buena, era en defender su mente de intrusos y eso, aunque complicaba algo la cosa, no fue suficiente. 

-Intentas plantar cara a quien en su día te instruyó, pequeña. ¿Acaso pretendes ganar esto? 

-Por lo menos déjame explicarme, maestro...

Al escuchar aquello, cesó su ataque, pero mantuvo su presencia ahí todo el rato.

-Después de abandonar el ejercito, busqué la forma de hacer que volviera a tomar el poder, señor. Lo juro. He encontrado varias maneras de hacerle aun más poderoso, pero por favor, no me mate, quiero seguir a sus ordenes. Le admiro por su determinación...

La voz de la muchacha quebró al recibir de nuevo el ataque mental, pero esta vez iba dirigido a su memoria para corroborar lo que decía. Tras confirmar lo que le dijo, ahora tuvo otra manera de mantener la lealtad de la muchacha con un idioma que descubrió hace poco, un idioma que no dejaba lugar para mentiras y ataba a una persona que juraba lealtad. Tras enseñarle las palabras que debía pronunciar, las proclamó con una voz de admiración enorme. De aquella manera la chica, se había atado de manera infinita a el, sirviendo en todo lo que el quisiera.

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