11 de enero de 2012

O6: Y se desató el poder.

¿Cuántas veces habrá pasado en la historia del universo que, el poder fuera lo que destruyera todo? Quizás estamos siendo manipulados para obtenerlo y destruirnos entre nosotros, como si de un juego de ajedrez malévolo se tratase. Todos tenemos algo oculto en nuestro interior, poderoso sin igual y más valioso que todo el oro del mundo. Se puede tratar de una espada, que haga al portador inmortal, o un anillo que te haga invisible. Pero eso es una manera de fuerza física, la cual solo es capaz de ser superada por una fuerza espiritual. Alguien con el don de la amistad en sus manos, podría vencer mil y una veces a un enemigo solitario con un poder enorme. 

En esta parte de mi historia, fue por vez primera que use mi espada, desatando el caos por todos lados. Fitme era una compañera fiel. ¿Os he contado su poder? Es capaz de invocar todo lo que haya sido absorbido a sus adentros. Es un poder repelente para la mayoría, pero para mí era superior, algo con lo que poder vencer. 

Me pasé varios meses en busca de aliados, aliados fuertes para vencer a cualquiera que se me interpusiera. Me topé con quien pudiera ser el más feroz de todos mis enemigos jamás conocidos. Su nombre... no lo recuerdo, pero si recuerdo su manera de luchar, frenética, veloz, hábil. No dio tiempo a que le propusiera siquiera mi plan y tuvimos que cruzar armas. Su primer golpe fue fatal, lanzándome lejos de mi posición y levantando una gran nube de polvo por el choque de energía. Cuando pude levantarme, ya no estaba ahí. ¿Se habría marchado? Me sacudí el polvo de mis prendas justo en el momento en el cual se escuchó el filo de una espada atravesar la carne, mi propia carne.  La sangre brotó de manera abundante por la herida. ¿En que momento había logrado colocarse detrás de mi? Mi vista se nubló y me desmayé en el acto, sin tener tiempo a pensar en qué había ocurrido. ¿Acaso soy tan débil? ¿Tan patético resultaba querer ser poderoso? Más tarde, tras ese... combate, conocí su nombre. Sai... Obstrucción. Creo que su nombre le venía como anillo al dedo. 

Desperté en una cama, una habitación muy bonita y adornada. no recuerdo qué había pasado después y tenía una venda en el abdomen. ¿Me había dejado vivir? ¿Por qué? Tocando la frente y levantándome busqué con la mirada mis armas y ahí estaban, apoyadas contra la pared junto a la ropa que me faltaba.  Me vestí rápido y por mi mente rondaba el tiempo que había estado durmiendo. Entonces entró por la puerta una muchacha de pelos negros, bastante baja. Me miraba con una sonrisa, una sonrisa muy extraña para ser de amabilidad, o por lo menos eso interpreté. ¿Qué me pasaría a partir de ahora?

0 comentarios:

Publicar un comentario