Pensamos que no debemos aferrarnos al pasado de manera tan drástica, pero como solemos decir, somos esclavos de nuestros actos. Ellos nos guían a través de nuestras propias vidas, controlando cada instante que vivimos y nos dan a partes iguales un bien y un mal. La vida pasa lenta cuando somos jóvenes, a causa de nuestro proceso de aprendizaje natural, pero... ¿y si somos inmortales? ¿Y si somos casi eternos? Ya no se le podría llamar vida, si no una sucesión de experiencias sin fin, lo cual hará que anheles el suave hedor de la muerte. Es así como paso a contar una parte de mi vida en la cual cambié por completo. Se podría decir, que comprendí la parte oculta de un humano, una parte, que no deberían de esconder tras una mascara de envidia, odio, avaricia o frialdad.
Era de mis primeros días tras haber derrotado a Sigfried y tras haber muerto. Dado que mi raza era incapaz de morir por completo a menos que se cumplieran ciertas circunstancias, me convertí en recadero de los dioses, teniendo que ayudar en todo lo que me pidieran. A cambio, me devolvían la lanza, pero a Fitme, la sellarían de nuevo hasta que aprendiese a controlar mis emociones.
Así fue como un día fui enviado a averiguar la localización del Non Plus Ultra, al parecer un escudo forjado para repeler las fuerzas de Fitme y la lanza que portaba. Mi camino me llevó por muchos lugares de la tierra, observando cada movimiento fuera de lugar en el mundo humano. Tras varios meses de intensa búsqueda, pude averiguar que el escudo estaba en manos de un humano, un humano muerto. Estaba bajo el influjo de su propio poder, el anhelo de venganza. Pronto se me ordenó localizar el fruto de esta, llevándome a un pueblo lleno de despojos y malolientes humanos. Ahí, en una taberna estaba, bebiendo, emborrachándose. Poco tiempo le quedaba al pueblo, pues ese ser y sus secuaces estaban ya de camino a por ella. Fue así como conocí a Greinne. Ella sería la esperanza de los dioses para que el escudo pueda ser recuperado, pero, ¿como lo harían? ¿Que tenía que ver ella en todo esto?
Era de mis primeros días tras haber derrotado a Sigfried y tras haber muerto. Dado que mi raza era incapaz de morir por completo a menos que se cumplieran ciertas circunstancias, me convertí en recadero de los dioses, teniendo que ayudar en todo lo que me pidieran. A cambio, me devolvían la lanza, pero a Fitme, la sellarían de nuevo hasta que aprendiese a controlar mis emociones.
Así fue como un día fui enviado a averiguar la localización del Non Plus Ultra, al parecer un escudo forjado para repeler las fuerzas de Fitme y la lanza que portaba. Mi camino me llevó por muchos lugares de la tierra, observando cada movimiento fuera de lugar en el mundo humano. Tras varios meses de intensa búsqueda, pude averiguar que el escudo estaba en manos de un humano, un humano muerto. Estaba bajo el influjo de su propio poder, el anhelo de venganza. Pronto se me ordenó localizar el fruto de esta, llevándome a un pueblo lleno de despojos y malolientes humanos. Ahí, en una taberna estaba, bebiendo, emborrachándose. Poco tiempo le quedaba al pueblo, pues ese ser y sus secuaces estaban ya de camino a por ella. Fue así como conocí a Greinne. Ella sería la esperanza de los dioses para que el escudo pueda ser recuperado, pero, ¿como lo harían? ¿Que tenía que ver ella en todo esto?

O9: Recuerdos. Pelo rojo y humor ardiente.