24 de enero de 2012

11: Descendencia.

En un intento desesperado, la humanidad se ha procreado para no morir al paso del tiempo, teniendo hijos, nietos y estos, más hijos y nietos. Pero nosotros, los demonios, no tenemos esa necesidad o es por lo menos lo que sentimos. Pero cuando se es a medias dos cosas, siempre acabará por dominar una parte a la otra, sin poder remediar aquello. Pronto fue así como tuve la necesidad de procrear y obtener un fruto sangre de mi sangre, alguien a quien dar mi sabiduría y que ella lo transfiriera a su siguiente generación. Mi primera intención fue tomar a una humana, pero las consecuencias serían que mi retoño acabara siendo un simple succubo o incubo. Si acaso, algo inferior, como un vampiro. Fue así como comencé a indagar como obtener un demonio puro de mi mismo.
Hace poco había logrado hacerse con el poder de un grimorio especial. En aquel se relataban los más oscuros secretos para crear criaturas como infernales u seres que solo eran capaces de existir con un invocador poderoso. Lo más curioso fue encontrar una criatura desconocida en este y la forma de crearlo era más misteriosa aún, pues necesitaba de un cuerpo, sea cual fuere su procedencia. Sin más que añadir, comenzó a reunir los más variopintos ingredientes, como sangre de demonio, lo cual fue más difícil de lo que parecía ya que su propia sangre no debía usarse. Tardó varios días en encontrar como el mechón de un pelo rojo como la sangre o un fuego fatuo, los cuales no eran nada fáciles de capturar, aunque se aprovechó de su espada para ello. 

Varios meses pasaron y cada vez eran más difíciles de encontrar los objetos necesarios. Lo más absurdo que tuvo que buscar fueron las escamas de un dragón de la naturaleza de tierra, pues no quedaban muchos sobre la tierra tras las devastadoras guerras entre estos y los elfos. Satisfecho con todo el material que había reunido, y a dos importantes ingredientes de lograr una criatura definitiva. Le faltaron encontrar un cuerpo, debía ser el cuerpo de una muchacha pura y santa, lo cual le pareció muy extraño, pero hizo caso omiso. Por esa parte, también le pareció difícil ya que en la tierra no se encontraban muchas mujeres de esas características, así que para ahorrarse mucho esfuerzo, simplemente secuestró a una muchacha que no tenía mas de siete años de edad a la cual acabó asesinando, pues debía ser un cuerpo sin alma.  

Solo le faltaba una única cosa, un detalle esencial... el jugo de la vida. Tomó el suyo propio, pues estaba ansioso de tener un ser perfecto entre sus criaturas. Tras completar el ritual, lo cual conllevó profanar el cuerpo muerto de la muchacha, incrustando las escamas del dragón bajo su piel e introducir su propia semen en ella, rompiendo el himen; prender fuego al cuerpo y conjurar varios hechizos de manipulación del flujo de magia, nació un nuevo ser. Pero no era como se lo había imaginado, pues esa muchacha ahora se alzaba del suelo, confusa, viva de nuevo. Ahora comprendía por que no se detallaba una imagen en la descripcion. Había creado un ser, un ser de su propio cuerpo.

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