13 de enero de 2012

O8: Bloodwing.

Semanas habían pasado desde mi último ataque a los mercenarios. Con gran satisfacción, he ido tomando parte de batallas sin igual, de las cuales salía vencedor sin problema alguno. Mi propósito era aumentar mi poder mediante aquel grimorio. Sus hechizos eran útiles y su poder arcano aumentaba el mío propio. En una de mis escapadas nocturnas me encontré con el quizá mayor descubrimiento que podría haber hecho. 
Uno de los bosques más peligrosos del mundo era mi destino hoy, sabiendo que podría ser atacado por cualquier cosa que haya en los lares, me preparé con mis mejores atuendos para el combate. Era una noche fría y despejada, dejando mostrar la luna y su manto de estrellas en el firmamento. Algunos aves nocturnos rondaban el cielo y pronto me vi atacado por una bandada de halcones, pero una rareza sin igual, pues estos ardían en llamas para defenderse o congelaban lo que tocaban. Mi sorpresa fue enorme al ver aquel espectáculo de magia y poder. Pocos halcones había logrado matar o dejar inútiles. Si quería salir debía esmerarme tanto como podía. Usaba conjuros del plano negativo al que ellos, aplicaban agua al fuego y fuego al hielo. Muchos aves cayeron. ¿Por qué me atacaban? Pronto lo vi claro cuando localicé varios nidos. Estaba asesinando a criaturas que solo defendían a sus futuras crías. Me quise dar cuenta demasiado tarde y miré con algo de tristeza uno de los nidos, en los cuales reposaba un huevo rojo como el fuego. No pude dejarlo ahí y me lo llevé, pensando que quizá me podría ser útil como animal de compañía. 

Meses más tarde, el huevo aun no había prendido de su cascarón. ¿Qué pasaba? Se supone que debía haber nacido ya. Poco a poco temía que no fuera a nacer nunca, por lo que comencé a cuidarlo más, para averiguar si nacía antes. Había visto ocasiones en los que los animales mágicos nacían por hechizos o por algún tipo de afecto. Tras varios días de continuo cariño, el huevo por fin eclosionó, dando lugar a un halcón de plumaje blanco y marrón. Tenía plumas ya, a pesar de acabar de nacer. Pero había algo más, pues al verme, algo se introdujo en mi mente, pasando por mis resistencias mentales sin ningún problema. Me hablaba, me estaba hablando directamente a la mente, pidiendo un pacto de compañeros. Lucharía a mi lado a cambio de sus cuidados. Pero había una pega enorme: si moría, moriría yo y viceversa ¿Qué debería hacer ahora?

0 comentarios:

Publicar un comentario