Por mi parte hacía mis fechorías, pero había olvidado algo importante en mi vida, algo que era fruto de mi cuerpo, sangre de mi sangre. Mientras yo me dedicaba a destruir, mi hija -o eso creía ella que era- se dedicaba a entrenarse, a mejorar su poder para poder atraer mi atención a ella, para que me sintiera orgulloso. Esta vez dedicaré a contar lo que ella hacía mientras la abandoné a su propia suerte, sin sentirme siquiera culpable de ello. Más tarde me di cuenta de lo que había perdido, pero era tarde como para revivir su infancia.
La joven muchacha estaba entrenando con su espada y conjurando algunos hechizos que pudo aprender de parte de su padre. no eran de gran poder, pero a medida que los ensayaba y su cuerpo crecía, eran más poderosos. Por ahora, para ella no eran más que insignificantes, pero en realidad, ya estaban siendo conjuros de gran destrucción. Pero entrenaba algo más que los conjuros de fuego que se le habían enseñado, pues cuando los usaba sufría un tremendo descontrol. Por ello, estaba mejorando su control sobre los conjuros de hielo, aquellos con una afinidad contraria. Tras varias horas consecutivas de movimiento y gasto de energía, se tomaba su descanso. En su mente solo fluía la imagen de su padre perdido tiempo atrás. Le echaba de menos y si tuviera la oportunidad de verlo, primero le pegaría un buen guantazo para después abrazarlo. Lo único que le había dejado fue aquel huevo de halcón que ahora reposaba sobre una roca, solo y olvidado. Debía darle amor y cariño para que la cría pudiera nacer, pero lo único que sentía por ese huevo era el amor hacia su padre, quien se lo había regalado.
Varios días estuvo deambulando por un pueblo, alimentándose de lo que robaba en las tabernas o a filo de espada a los viajeros. En cierto modo había heredado los dotes de demonio, aunque no se diera cuenta, pues pensaba que lo hacía por su propio bien. Era odiada por mucha gente por su comportamiento, pero otros sentían pena y a pesar de poderse defender, la dejaban robar para que pudiera sobrevivir.
Hacia el mediodía de un día de verano, algo alteraba el aire del pueblo. Yuzuki tomó su espada "Zou", presintiendo que nada bueno se avecinaba. Pronto lo vio, un Behemot enorme se acercaba a grandes zancadas hacia el pueblo. Por lo pronto, se concentró en defender a los aldeanos, cargando todos los hechizos que pudo al filo de su espada y comenzando a correr y gritar ordenes a los aldeanos para que se resguardaran. Sabía que podría salir muy mal parada de ahí, pero poco de lo que pensó ocurrió, pues al chocar contra su enemigo, lo cortó por la mitad sin apenas esfuerzo. Incrédula, se miró las manos y luego la espada. ¿Había sido ella? No pudo responderse pero el pueblo ya estaba a poca distancia para alabarla. A partir de entonces, no sabría que comenzaría a forjarse una reputacion contraria a la de su padre, ayudando en vez de destruir.

15: Yuzuki. Criatura superior.