11 de septiembre de 2013

19: Miko

Hacía calor, y mucho. Me dirigí a un pueblo japones lo bastante grande como para perderse con facilidad. Todo esto despues de lo sucedido con mi hija, a la cual tuve que curar tras casi diez minutos de heridas sin interrupción. Acabó muy cansada y me sorprendió mucho, pues se curaba rapido y quizá en dos o tres ocasiones había podido esquivar uno de mis golpes. Al final logré hablar con ella y le convencí para que me ayudara a hacer algunos de mis trabajos más fáciles, como apaciguar algunos demonios de las regiones nevadas del Himalaya. La verdad es que la Tierra era enorme, pero no tan grande como Dyfirnia, mi lugar natal. 


Las cigarras se escuchaban por todas partes. El calor de verano las llamaba a ponerse en los arboles y cantar alegres. Kazu recorría con tranquilidad una de las calles que estaba desertica. Si no fuera por que había tiendas abiertas, se podría decir que la ciudad era fantasma. Hoy le tocaba buscar un ser en uno de los templos, ya que según parecía era bastante rebelde. Por el camino se cruzó con un gato negro, que se le quedó mirando, pero sin detenerse desapareció en unos arbustos. La mañana pasó tranquila, pero debía asegurarse que el demonio desaparecía, aunque no realizara ningun acto sobrenatural. Decidió ir al primer templo, el cual un señor bastante anciano le dijo que nunca había sucedido nada anormal, pero le habló sobre un templo solitario en el cual hace años murió la dueña, pero que todavia estaba habitado. Con aquella información se dirigió donde le habian guiado algunos ciudadanos y tras un par de minutos caminando lo encontró en un callejon bastante solitario. 

Una chica barría tranquila la entrada del templo, bajita y por lo que parece bastante callada. Kazu se paró frente a ella y no se molestó siquiera en preguntarle nada y directamente se introdujo en sus recuerdos para localizar a demonio que rondaba por aquí. Enseguida localizó algunos sucesos antinaturales como el nevar repentino o el moverse de puertas y objetos. Sacó su espada, Fitme, de la funda a su espalda y con un sencillo hechizo el demonio apareció y desapareció en el interior del arma como si nunca hubiera estado ahí. Nada más terminar miró a a la chica, sorprendida y preguntó su nombre.

Yumiko, pero me dicen Yumi. ¿Que ha sido eso?

No ha sido nada, no te preocupes. Kan Uire

Con esas dos palabras hizo que olvidara lo sucedido y se dispuso a caminar, pero recordó algunos detalles de sus recuerdos, negó y antes de irse lanzó otro hechizo con el cual unió el destino de ambos para poder encontrarla siempre que quisiera... o cuando el la hiciera llamar.  

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